Hoy viajamos a Suecia, donde desde hace más de medio siglo se demuestra otra lección fundamental: una fábrica no basta. Hace falta alguien que compre con horizonte de largo plazo.
Cuando se habla de construcción industrializada en Suecia siempre aparece el mismo dato: alrededor del 84-85% de las viviendas unifamiliares se producen mediante procesos industrializados. (Fuente: múltiples informes sectoriales, consistentes entre sí).
Pero quizá no sea el dato más importante.
Porque el gran reto que hoy afrontan España y Cataluña no es construir más viviendas unifamiliares, sino producir vivienda plurifamiliar de forma más rápida, eficiente y predecible. En 2024, Suecia completó 38.850 viviendas plurifamiliares frente a solo 6.620 unifamiliares. (Fuente: SCB — Statistics Sweden, vía Statista, agosto de 2025).
Y ahí la pregunta cambia.
No es cómo fabricar mejor.
Es quién garantiza una demanda suficientemente estable para que una fábrica pueda operar durante décadas.
La infraestructura invisible
Suecia construyó esa respuesta hace mucho tiempo.
Sveriges Allmännytta reúne a unas 320 empresas municipales que gestionan cerca de 975.000 viviendas: aproximadamente el 20% del parque residencial sueco y alrededor de la mitad de todas las viviendas de alquiler del país. (Fuente: Sveriges Allmännytta / Public Housing Sweden).
Su origen se encuentra en el Miljonprogrammet, el programa estatal desarrollado entre 1965 y 1974 que impulsó la construcción de un millón de viviendas en apenas diez años, con una apuesta explícita por los métodos de construcción industrializados.
Más allá de las cifras, dejó una herencia menos visible.
Consolidó un ecosistema de compradores institucionales con capacidad para contratar vivienda de forma continuada durante décadas.
Y eso cambia por completo la lógica económica de una fábrica.
No solo compran viviendas. Compran previsibilidad.
Para un fabricante, la mayor incertidumbre no suele ser tecnológica. Es saber si dentro de tres años seguirá teniendo pedidos. Una cartera estable permite invertir en automatización, formar equipos especializados, negociar mejor con proveedores y aumentar la productividad.
Cuando desaparece el comprador
El caso de BoKlok, la empresa creada por Skanska e IKEA a mediados de los años noventa, ilustra perfectamente esta diferencia.
Durante años desarrolló con éxito un modelo orientado principalmente al comprador particular. En su mejor momento llegó a producir unas 1.200 viviendas al año.
Entre 2022 y 2023, el rápido endurecimiento de la política monetaria del Riksbank hizo desaparecer buena parte de esa demanda.
La tecnología seguía funcionando.
Las fábricas seguían siendo eficientes.
Lo que desapareció fue el mercado al que servían.
En 2024, BoKlok registró pérdidas operativas de 614 millones de coronas suecas (unos 57 millones de dólares). En febrero de 2025, Skanska vendió su fábrica de Gullringen a Surewood Housing por 9,5 millones de dólares. (Fuentes: Skanska Annual Results; Construction Briefing, febrero de 2025; Built Offsite, febrero de 2025).
No todos los fabricantes suecos vivieron la crisis igual. Mientras el segmento orientado al comprador particular se hundía, otros actores del sector —con una cartera más apoyada en contratos municipales y proyectos institucionales— resistieron mejor el mismo shock de tipos de interés.
Mismo país. Mismo momento. Misma perturbación macroeconómica. La diferencia no estuvo en la tecnología. Estuvo en la naturaleza de la demanda.
Si aplicamos el marco de la serie —riesgo técnico, administrativo, de demanda y financiero—, el caso sueco resulta especialmente ilustrativo: Suecia reduce sustancialmente el riesgo de demanda mediante grandes compradores institucionales. No elimina el riesgo financiero —el caso BoKlok lo demuestra incluso aquí—, pero proporciona la continuidad necesaria para justificar inversiones industriales de largo plazo.
¿Y España?
España cuenta con empresas innovadoras, capacidad técnica y una industria cada vez más preparada.
Lo que todavía no existe es un comprador institucional con la escala, la continuidad y el mandato suficientes para proporcionar una demanda estable durante años.
El parque de vivienda social de titularidad pública en España representa el 1,72% del total, una cifra reconocida por el propio Gobierno. (Fuente: Ministerio de Vivienda; recogido por Funcas, marzo de 2026).
Muy por debajo de países como Suecia o los Países Bajos, donde grandes operadores institucionales gestionan una parte sustancial del parque de vivienda social.
No se trata únicamente de fabricar mejor.
Se trata de construir un mercado capaz de sostener la inversión industrial.
Porque la industrialización no empieza cuando se inaugura una fábrica.
Empieza cuando alguien puede garantizar trabajo para esa fábrica durante la próxima década.
La tecnología puede acelerar la construcción. Solo una demanda estable permite industrializarla.
Próxima parada: cuando el comprador institucional no es el Estado. Cooperativas y asociaciones de vivienda social en Europa, y qué puede aprender España de esos modelos.